En un reciente artículo de Yuval Noah Harari, “the world after coronavirus”, el autor de Sapiens nos alerta de la persistencia de algunas prácticas gubernamentales en estos momentos y muy particularmente de la intromisión en la privacidad de las personas, asombrosamente facilitada por las nuevas tecnologías.
Para mí, el máximo interés de este artículo está en la identificación que Yuval hace del falso dilema que facilita esta intromisión. Nos dice que si se le pide a la gente que escoja entre salud y privacidad, todos tenderemos a elegir salud. Éste es el falso dilema. ¿Por qué hemos de escoger?

Algunos viejos amigos en la familia de los falsos dilemas:
- ¿A la playa, o al monte?
- ¿Proletario o patrono?
- ¿Contaminante o ecologista?
- ¿Indepe, o españolista?
- ¿Feminista o machista?
- ¿Progre o facha?
- ¿Racional o emocional?
- ¿Actuar o esperar?
- ¡Conmigo o contra mi!
Todos ellos son falaces, porque esconden las otras e infinitas posibilidades. Y terriblemente imponentes, si no se sabe cómo afrontarlos.
Estamos continuamente inmersos en falsos dilemas. Y lo cierto es que, en lo cotidiano, esta simplificación binaria nos ahorra muchos quebraderos de cabeza, porque nuestra mente necesita simplificar para tomar referencias, entender y actuar con rapidez. En estas pulsiones es donde pesca la trampa del falso dilema.
Nuestra mente necesita simplificar para tomar decisiones.
Pero en realidad todos somos víctimas de unos cuantos falsos dilemas, que son siempre preámbulo de una imposición, de una inducción a una toma de postura.
Si quien se queda atrapado es todo un gobierno, o la dirección de una empresa, las consecuencias pueden ser de gran calado. Y pasa con mucha frecuencia pues de hecho esto es, ni más ni menos, lo que reina en muchas crisis. Un ejemplo: detrás de toda huelga hay un falso dilema ̶ incluidas las huelgas de hambre.
Por eso todos ganaremos si se extiende la capacidad de detectar los falsos dilemas y mirarlos de frente, y si se entrena el músculo creativo para descubrir las múltiples opciones escondidas tras estas falacias, ya que en la inmensa mayoría de los casos, con seguridad, hay opciones mucho más prometedoras y liberadoras.
En comunicación, sin embargo, no basta con detectar la falacia. Hay que saber hacerle frente, y para eso no es nada eficaz la forma convencional de comunicar, por muy buena que sea.
para combatir la falacia no basta con la comunicación convencional.
Estamos hablando del COMBATE DIALÉCTICO, donde o se gana o se pierde. Palabras mayores. Entrenamos a directivos de grandes empresas, desde hace muchos años, en Técnicas de Comunicación Dialéctica. En este entrenamiento, nuestros clientes no sólo aprenden a detectar todos los falsos dilemas que tienen que desafiar para hacer valer sus legítimas posiciones.
Nuestros clientes salen con plena maestría para convertir esas imposiciones en inigualables oportunidades.
Salen ganadores.
En definitiva,
¿Se puede sorber y soplar al mismo tiempo?
¡Por supuesto!: si nos ponemos de acuerdo, uno de nosotros sorbe y el otro sopla…
Más información en comm.coach – entrenamiento en comunicación dialéctica.
